Andy Montañez ofrece tremendo concierto de su 55 aniversario

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Puerto Rico ha sido una cantera de talento artístico para el disfrute de todo el mercado iberoamericano. Vienen con fuerza a la memoria grandes compositores como Rafael Hernández, Pedro Flores, Sylvia Rexach y Bobby Capó -por mencionar solo un puñado de nuestros grandes creadores de la música popular latinoamericana y caribeña del siglo 20 que pasaron a mejor vida-, así como voces únicas veneradas en todos los rincones del planeta: Tito Rodríguez, Daniel Santos (ambos también autores de bellísimas canciones inmortales), Ruth Fernández y Cheo Feliciano, entre tantos otros.

Andy Montañez pertenece sin duda a ese exquisito club de embajadores culturales de la cultura puertorriqueña. Luego de haberse visto obligado a posponer la efeméride por el desastre de los dos eventos atmosféricos recientes, el sábado 23 de diciembre –en plena temporada navideña-, nos brindó un recorrido celebratorio de sus 55 años como figura fundamental de la poderosa y vibrante industria internacional del entretenimiento en el Coliseo “José Miguel Agrelot” de Hato Rey.

La fiesta comenzó con un set de la elegante orquesta La Puertorriqueña del maestro Don Perignon como preludio.

Me apena documentar que desde la entrada, la cantidad exagerada de volumen de los sofisticados equipos de sonido del Choliseo apenas permitían distinguir no solo los sofisticados arreglos musicales de este big band de música bailable, sino incluso las letras de los cantantes.

Todavía con un zumbido en los oídos y sin ser un experto en el tema, con una rápida búsqueda en internet en los sitios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto Auditivo Español Salesa se puede verificar que el oído humano no está hecho para soportar tales abusos.

La OMS reporta que el nivel tolerable es apenas 55 decibeles sin ningún daño a la salud. Y que según el tiempo de exposición, ya 60 decibeles pueden provocarnos malestares. ¡A partir de los 85 dB ya hay riesgo de pérdida parcial o total de la audición!

Con la sencilla aplicación (app) del mismo nombre “dB”, en mi teléfono móvil llegué a registrar entre 103 y 107.3 decibeles de promedio durante la parte final del concierto. Sencillamente inaceptable.

Este es un llamado urgente de alguien de adentro a todos los componentes de la industria del espectáculo: productores, artistas, managers, técnicos, ingenieros de sonido, bailarines y coreógrafos y a la prensa especializada. Tenemos la responsabilidad de entrar en una discusión seria para eliminar esta plaga que opera en contra de los mejores intereses (y los oídos, un instrumento de trabajo y de comunicación fundamental) de todos.

Y a lo que fuimos: “El Niño de Trastalleres” hizo un recorrido por sus grandes éxitos ante un numeroso público que llenaba las butacas de una versión recogida de este inmenso centro de espectáculos. Vestido de punta en blanco, con una corbata roja, abrió con el súper hit “Un verano en Nueva York” de Justi Barreto. De inmediato, se hizo patente la íntima relación del genial vocalista con sus músicos, su director Pedro De Jesús y sus seguidores de todas las edades y estratos sociales.

También de sus primeros y gloriosos 14 años (de 1962 al 76) con El Gran Combo de Puerto Rico cantó “Julia” -de la inspiración de Gene Carrizo con el  arreglo del genial maestro Rafael Ithier-; “Acompáñenme”, “Lo que Dios me dio”, “A veces me pregunto” y hasta “Cantante errante”, un testimonio de la ruptura del artista con la agrupación, cuando pasó a la orquesta venezolana “Dimensión Latina”.

Este 1er segmento del show concluyó con un sentido tributo a Pellín Rodríguez, a partir de un vídeo de la versión original del bolero “Amor por ti”, seguido de una magistral interpretación en vivo del cantor Montañez, a pesar de una confesada afonía, que milagrosamente se percibía más al hablar que en su amplio registro vocal cuando entonaba estas canciones, que son parte fundamental del colectivo del Caribe hispano.

Junto al legendario músico y bailarín Roberto Rohena y el merenguero dominicano Freddie Kenton montaron un vacilón con “El swing” y el sabroso “Jala Jala”.

Andrés Montañez Rodríguez prosiguió su recorrido con la filosófica “Hojas blancas” de Roberto Angleró; “Payaso” de María Enriqueta Ramos y Rafael Pérez; y “Boca mentirosa” de Tite Curet. Luego se iluminó el escenario con la menuda figura del cantautor Antonio Cabán Vale (El Topo), que con su poética y profética “Verde luz” hizo vibrar al auditorio.

El resto del espectáculo -siempre presentes sus hijos Harold Montañez y Andy Jr. en los coros (un elemento fundamental del origen africano en los géneros musicales caribeños de la Salsa)-, contó con participaciones de otros grandes artistas amigos y parientes de Andy: su hermano Ray cantó afinado y con la gracia del swing una estupenda versión del tema “Vagabundo” de José Cortés (también de la época de la Universidad de la Salsa).

Como si fuera poco, Danny Rivera levantó de nuevo el espíritu patriótico con “Yo quiero un pueblo”; Andy le cantó a la Navidad por invitación graciosísima de la comediante Carmen Nydia Velázquez en su personaje Susa Cruz; el trovador Julio César Sanabria improvisó unas décimas; y el cuatro puertorriqueño en manos del virtuoso “Machito” concluyeron la histórica noche empañada por el volumen en exceso.

Por El Nuevo Día

 

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