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La película “Roma”, que ha escrito y dirigido Alfonso Cuarón, sigue en la cresta de la ola luego de que el martes recibiera 10 nominaciones al Oscar. Pero así como ha recibido reconocimientos, también tiene, como toda pieza importante de la cinematografía, tiene detractores.

Éstos la acusan de ser lenta y aburrida, mientras los que la defienden, entre los que me incluyo, encontramos una obra cargada de belleza visual (la hermosa cinematografía en blanco y negro es del propio Cuarón) en una pieza rodada con una impecable elegancia, pese a lo serio de su narración.

Y ahí se encuentra una riqueza importante, ya que entre forma (fotografía, dirección de arte, edición) y contenido (lo que cuenta, las actuaciones) existe un juego en el que Cuarón ha logrado realizar una coreografía impresionante.

La acusación de lenta o aburrida es injusta. Y se debe, principalmente, a la mala educación a la hora de enfrentar un filme que tiene el gran público, asiduo espectador de piezas de ágil montaje, y que, pese a que muchos filmes con ese tipo de edición (“Baby Driver”, de Edgar Wright, por ejemplo), no son necesariamente deficientes, la manera en que está fotografiada esta pieza es uno de sus principales deleites.

Esto desde las primeras imágenes del piso que friega Cleo (una entrañable Yalitza Aparicio), momento desde el que Cuarón pone las reglas de como llevará su historia. Moviendo en la mayoría de los casos  la cámara de manera panorámica, sin muchos cortes, con planos largos y silenciosos.

Por esto muchos que la han visualizado la encuentran más larga de lo que es (2 horas y 15 minutos).

Y cuando decimos silenciosa es porque, a no ser por alguna que otra canción que suena en la radio o de algunos músicos y cantantes en vivo en alguna que otra escena, esta película no tiene música incidental, solo diegética.

Esto le aporta realismo a una cinta que de por sí ya lo es, y que sirve como reinterpretación por parte del director de “Children of Men”, “Y tu mamá también” y “ Harry Potter y el prisionero de Azkaban”, del neorrealismo italiano, movimiento que se desarrolló en el mencionado país, luego de la segunda guerra mundial, y que tuvo como exponentes, entre otros a Roberto Rosselini (“Roma, ciudad abierta”, 1945) y Vittorio De Sica (“El ladrón de bicicletas”, 1948).

De ahí,  por uno de los lugares del rodaje, la Colonia Roma, en Veracruz, México, el título del filme, y que la palabra al revés dice amor.

Pero los homenajes no terminan ahí, ya que esta película, de la que Cuarón ha revelado que muchas de las situaciones las vivió con su familia y que el personaje de Cleo está inspirada en la trabajadora de su casa, a la que llamaban Libo, y a quien está dedicada la película.

Pero no es la única referencia que contiene esta producción, noveno largometraje del cineasta, ya que se permite hacer un giño a “Marooned”, filme que lo inspiró a realizar “Gravity”, poniendo el rostro de George Clooney, su protagonista, en una de las escenas de la película que ve la familia en el cine.

Uno de los aspectos más valorables de esta producción, cuya trama se desarrolla en el México de 1971, es la dirección  de arte, con un vestuario y elementos escenográficos que ubican al público en ese espacio y tiempo.

Hay una frase que describe la historia, o las historias que narra “Roma”. “Estamos solas. No importa lo que te digan, siempre estamos solas”, le dice la señora Sofía (Marina de Tavira) a Cleo.

Y es que estas dos mujeres, cada una en una posición distinta, están viviendo una tragedia por culpa de los hombres.

 

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