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La canción ‘Niña bonita’ marcó el comienzo de la carrera de Maía (Mónica Andrea Vives) a la música, hace ya 16 años. En aquel momento el pop aún no había sido absorbido por el reguetón.

Ahora, sorprende cuando en las emisoras la presentan como “la niña bonita de la salsa” y se oye su voz interpretando el clásico de Eddie Santiago, ‘Que locura fue enamorarme de ti’. Y en el reciente Carnaval de Barranquilla presentó un dueto con Cuco Valoy, en el que interpretan una nueva versión de ‘Frutos del carnaval’. Maía llevó esta canción a lo largo del recorrido de La Batalla de Flores, desfile inaugural de esta importante fiesta colombiana.

Sobre esta nueva faceta musical, la cantante le dijo a EL TIEMPO, que era “un sueño que tenía desde hace muchos años”, desde las épocas de ‘Niña bonita’, y cuenta que en esa primera canción hubo algo de sonido de ritmos antillanos, algo de timba en el fondo. “ ‘Ingenuidad’ (otra de sus canciones del comienzo) es un danzón —explica—.
Realmente, son años coqueteando con la salsa. Ahora nos metemos de lleno, oír cómo suena en vivo es maravilloso”.

Si era un sueño de tantos años, ¿por qué se tomó tanto tiempo?

Más que un género musical, veo la salsa como un ritmo místico. Necesita experiencia, respeto y un sinnúmero de cosas que siempre creí que no estaba preparada para ofrecer. Ahora dije: “Mandémosnos”. Mi primer disco fue simplemente para saber si servíamos o no para esto de la música. Desde el segundo vinieron las investigaciones musicales sobre el sonido latino, la evolución hacia lo urbano, pero siempre manteniendo nuestro Caribe. Eso siempre estuvo. Es respetable que un artista haga un solo tipo de música. Pero nadie es una sola cosa. No creo en etiquetas. No es hacer un género, es ofrecer un sonido, una onda de audio con un ADN incrustado, que es la bendición más grande que tenemos.

¿Quiso decir que ahora ve aquel primer disco más como una prueba?

Tú sabes cómo es todo lo que se hace por primera vez. Es el primer momento en que ves si la gente siente y se conecta contigo. Ese disco tuvo una superasesoría de muchas personas involucradas porque uno llega sin conocer del tema ni de la vida ni de la música ni de nada. Lo primero en todo siempre es lo mismo: muchas veces duele esa primera vez, pero hace parte del crecimiento.

¿En qué momento sintió que ya tenía el sonido que quería?

Creo que comenzamos a tener un sonido claro a partir del tercer disco. Después de siete años que pasé sin hacer música. Pasé de hacer un disco para una disquera a hacer uno mío. Me dediqué siete años a rearmar mi banda, mi equipo de trabajo, a buscar, porque veía que después del segundo álbum había algo bloqueado. Tardé siete años, pero hay gente que tarda más. La música no es tan fácil como a veces parece.

¿Pesó que en su debut muchos la mostraran casi como la nueva Shakira?

Lo que pasó es que, al salir mi primer disco, la música comenzó a cambiar. La industria nos lanza con todos los juguetes, nos pasa a Sony Latin. El día en que me lanzaron en Estados Unidos se vino abajo el mercado de la música del disco. Realmente nunca conocí esa famosa bonanza del disco. Maía nació en el momento en que había una crisis. Pero, sabes que las crisis son oportunidades y al día de hoy mira cómo ha cambiado todo. Mi proceso tenía que ser diferente. Las altas expectativas son bonitas, las comparaciones son las que son complejas. Y Shakira hay solo una, como Celine Dion o Totó La Momposina. Cuando quieres oírlas a ellas, es a ellas, no a otra persona.

Alguna vez hizo una incursión vallenata…

Era el 2010, una época en que estaba prestando armonías folclóricas al jazz, ‘chillout’, al jazz. Trabajaba elementos de tradición oral como parte de la investigación musical que tenía en mi cabeza. Uno es un puñado de aprendizajes y descubrimientos. En eso hicimos una versión de guitarra y voz de ‘Qué será de mí’. Funcionó bien en discotecas de Europa. Aquí fue difícil, quizás por el purismo de los oyentes del vallenato. Pero son cuestiones de tiempo. A Carlos Vives también le dieron hasta con el balde y ahora le agradecen porque si no fuera por él el vallenato no sería famoso en el mundo.

Hablando de evolución, ¿cómo evalúa la suya en retrospectiva?

En 16 años esto ha sido un aprender y desaprender constante, porque a veces también la vida trae mucha maña. Todo esto ocurre a partir de momentos maravillosos y difíciles, pero que a la vez hacen la madurez de un artista. Uno a veces gana y a veces aprende.

Maía nació en el momento en que había una crisis. Pero, sabes que las crisis son oportunidades y al día de hoy mira cómo ha cambiado todo

¿Cómo llegó a esta etapa salsera?

Comienza cuando tuvimos la oportunidad de cantarle al papa Francisco. La gente nos reconoció, nos recordaba, se conectó desde un punto más íntimo. Supe que debía seguir a mi corazón, así como lo seguí cuando canté esa canción. Entonces dije: “Es mi momento”. Llevaba ocho meses de pedirle mi carta de libertad a Sony, empecé a trabajar con mi esposo (su actual manager) y me dijo: “Si quieres un disco de salsa, lo haremos”. Grabé ‘Un beso de su boca’ con Juan Vicente Zambrano, productor caleño. Después, llegamos a Diego Galé, le dije: “Maestro, quiero grabar siete canciones de salsa de los 80”. Porque el siete es mi número preferido y los 80 fueron la época en la que crecí en Barranquilla con las salsas. Él me dijo: “dame diez canciones, aparte de la salsa que ya tiene”. Y las tenía, escritas por mí y amigos compositores. Así que lanzamos ‘Qué locura enamorarme de ti’, con el video grabado en Cuba.

También está ‘Frutos del carnaval’…

Coincidimos con el maestro Cuco Valoy en julio del 2018, en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Él cantó ahí, uno se hace amigo, lo saludé, empezamos a hablar. Le gustó mi trabajo, preguntó si me gustaría grabar juntos y le confesé que me gustaría ‘Frutos del Carnaval’. A él no le gusta que le cambien demasiado sus canciones, así que me pidió revisarlo y yo la había hecho en el mismo tono, porque es de tradición. Entonces en diciembre grabó él solito, en República Dominicana, en su estudio, tranquilo.

¿Qué sigue para Maía?

Seguir cantando. Moriré haciéndolo. Para mí lo más importante es que este proyecto de vida dure en el tiempo, hasta después de que nos muramos. La clave está en mantenerse.

 

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