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Nueva York – La salsa vive y de qué manera. Así lo han conrmado los miles de bailarines que se dieron cita en el Congreso Internacional de la Salsa en Nueva York.

La decimonovena edición del congreso reunió a 10,000 personas -principiantes, profesionales y hasta niños que llegaron desde 40 países a la llamada capital del mundo para bailar el candente género latino, que nació precisamente en las calles de Nueva York. Los grupos, de países tan lejanos como Australia, Polonia, Japón, Nueva Zelanda, India o de varios de América del Sur, se encuentran cada año en el hogar donde además nacieron las legendarias Estrellas de Fania, fundada por el dominicano Johnny Pacheco y el abogado italo-americano, Jerry Masucci, el más famoso grupo en la historia del género. “La salsa es como el jazz, un género que nunca va a desaparecer.

Está aquí para quedarse. La salsa de la vieja guardia ha inuido a los reguetoneros” y varios han grabado con salseros, dice a Efe el bailarín Edwin Rivera, de origen puertorriqueño, coordinador artístico del pandillas y andaba con gente que vendía drogas. Mi madre dijo ‘no voy a perder un hijo en la calle, vas a coger clases de salsa’ y me obligó, Eso, o una academia militar”, recordó Rivera. Como ocurre cada año, aquí no existen diferencias de idiomas, razas o culturas porque el baile les une, es el idioma universal.

La edad tampoco importa. Niños amantes del baile asisten a talleres y tan mayores como una pareja de 85 y 87 años, de la época dorada del salón Palladium de Nueva York, se han encontrado en la noche con otros participantes, para, cada cual en su estilo, seguir durante ocho horas el ritmo de la música de las orquestas invitadas al evento. “No necesitamos hablar el mismo lenguaje”, dice Rivera que considera que “si todo el mundo bailara salsa no hubiera guerra en este mundo”.

 

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