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Eddie Palmieri fue la emoción contenida en 26 años y dos meses. Rubén Blades hizo lo suyo, lo que le conocemos, su mensaje finamente estudiado, aunque a varios, luego del rumbón de Palmieri, les costó reconectarse con la concentración y la reflexión que propuso el panameño en sus primeros temas.

Jorge Drexler y Alejandro Sanz habían anticipado el show de la salsa con el bloque más romántico. El Estadio Nacional no lució un lleno de bandera. ¿Por qué? Los organizadores estarán afinando mejor la mirada en ese aspecto.

Muchos se habrán percatado que en la puerta del estadio uno podía encontrar boletos de reventa para la zona All Accces –la más cara– en 150 soles, mucho menos del monto que quizás la mayoría había pagado en la previa.

Palmas para la leyenda

Luego de las 9.30 p.m. el objetivo era uno: el reencuentro con Eddie Palmieri y su fabulosa orquesta. El público salsero, el que asistió por ver a la leyenda, asumía que había una deuda pendiente. Que el Mesías, como le llaman, debía enterarse que en Lima y el Callao existe una importante legión de seguidores. Que la ansiedad por verlo en una tarima no era capricho de unos pocos. Y Eddie seguro ahora ya lo sabe.

“Vida”, tema intro dedicado a su esposa fallecida hace unos años, fue el solo de piano que abrió su participación. Un público atento y el músico exteriorizando su sentimiento. Caramelo exacto para lo que vendrá enseguida: “Pa la ocha tambó”. Ahora sí. Herman Olivera, el sonero del siglo XXI, de impecable tenida blanca, asoma con esa voz que es herencia del sabor neoyorquino de quienes lo antecedieron en la movida del Harlem hispano a fines de los años 60 e inicios de los 70.

“Pa huele” le siguió y Olivera que ahora menciona al Callao y que dice que de allí quiere un cachito. Coro y fanatismo, pasitos que se dibujan en la estrechez del pasadizo de la zona más próxima a la tarima. Aunque, al lado, una pareja de novios no entiendan mucho lo que pasa. Es probable que ellos hayan comprado boletos para ver a Alejandro Sanz, Drexler o, quizás, esperan ‘Decisiones’, de Rubén Blades.

Pero Palmieri está en escena. Nicky Marrero castiga la percusión con maestría, Jimmy Bosch enfrascado en su trombón de vara que arrastra dulzura y sabor de barrio. En los coros, el crédito nacional, Renzo Padilla, muy bien ubicado, sobrio, sin aspavientos. En el bajo, Luques Curtis, el bajista de 33 años y heredero de Andy González, un fenómeno en su trabajo. Lenguaje de mirada con Palmieri y los instrumentos dialogan. Nelson González en el tres, adelante, desbaratándose en virtuosismo cuando le toca hacerlo. Sonríe con Eddie. Están en una excelente noche.

Eddy palmieri

“Ay mi Muñeca, perdóname”. Y Eddie se luce en un solo de piano y ahora lo toca con una mano. La otra descansa en vertical. Admirable verlo tocando así, entregado para nosotros. “Vamos, mujeres, a guarachar”.

Enseguida “Palo pa rumba”, “Oye lo que te conviene”, “La Malanga” se adueñan del Nacional. La bandota del Mesías no otorga concesiones. ¿Querías a Palmieri? Aquí está el Sol de la Música Latina. El que no suena en las radios. El que es artista de culto para el salsero que se respeta. El creador de la orquesta ‘La Perfecta’, el que tuvo en sus filas a otro grande, Ismael Quintana. Y no sé por dónde andará Juan Fernando Trujillo, el hijo de cariño de Palmieri, que llegó desde Medellín para ver a su maestro.

Desde una de las tribunas, en la pausa, empieza a corearse con fuerza el nombre de Eddie. El eco se expande. Las claves salseras acompañan. Es Eddie, es Palmieri, es la gratitud de una fanaticada que esperó por más de dos décadas. El pianista lo entiende y dice: “No he venido en 26 años, pero ahora me tienen que traer por los próximos 26 años”.

Ahora “Vámonos pal monte” que esto está por terminar. Fiesta, baile y pasillos. Palmas que intentan llevar la clave. El trombón de Jimmy Bosch es el primero en soltar un solo. Las congas del Pequeño Johnny nos llevan hasta África. Y el trance de la zona en que estamos no tiene concesiones. La pareja de novios que había ido por Sanz o Drexler, imperturbables. Un caballero, arriba de 75 años, sentado y muy serio aparentemente no disfruta. Pero luego miro sus pies y estos se mueven como en bar chalaco de los años 60. “Camagueyanos y Habaneros” es la pieza que va despedir a Palmieri por esta vez. No hay presencia de Rubén Blades a la vista. ¿Se esfuma la idea de verlos juntos en un tema? Los vientos toman la delantera. Exquisitez musical para oído afinado. Se despide Palmieri, se va el Mesías, la fanaticada satisfecha. Y el Perú pagó su deuda.

Maestra Vida

Una pausa con pincelada de cebada para la sedienta garganta. En los pasillos, me encuentro con Omar Córdova, el productor de Descarga en el Barrio. Emocionado. “Esto no lo sentí en otros conciertos de Palmieri”. Kike Vigil, por su lado, “Palmieri es adicción”. Oscar Pérez opina que los vientos no le parecieron tan duros. Pero igual está satisfecho. No le pregunté nada a la parejita de novios que ahora conversaban sobre Blades.

Ruben Bldes peru

El turno del panameño y hay expectativa. Al menos más expectativa que la señora encargada de la venta de cervezas. “Está a 10 soles, pero no ha sido una gran noche. Todo ha sido muy regular”, nos dice. Ya en la zona All Access hay un incidente. Todo indica que el cantante ordenó retirar unos metros a la gente. Los miembros de seguridad acatan. Una chica no encuentra su ticket mientras un hombre del 911 se lo pide y ahora entre dos la arrastran, la retiran. Pocos se dan cuenta de esto. Blades, quien ya empezó a cantar, no ve la escena. O la ve y no la quiere ver.

Editus se luce. Temas de la producción ‘Mundo’ le dan la bienvenida a la noche, paradójicamente, de despedida de Rubén. “Si yo he vivido parao, que me entierren parao”. Jorge Drexler es invitado luego para un tema juntos. Acople perfecto. La expectativa por ver a Alejandro Sanz y Eddie Palmieri se diluyirán con el paso de los minutos. Ahora suena “Sicarios”. Mirada social al estilo del panameño. Escena tan recurrente, tristemente, en Lima y Callao. “Hoy cambiará la vida, hoy cambiará su vida…hoy cambiará mi vida”.

¿Salsa? Sí, la orquesta de Roberto Delgado sube a escena. Es la noche de Blades. “Decisiones” suena. Ahora sí, la parejita imperturbable, salta y se emociona. A mí esta canción me recuerda la niñez de los años 80. También hay banquete con los temas de homenaje a Cheo Feliciano y Joe Cuba. “La palomilla / lo invita a bailar…” Un clásico que renace en la voz de Blades. “Todo el mundo está contento y quiere gozar sabrosito”. Volver al baile, volver al rumbón de esquina que se muda al Nacional. John Rodríguez, fanático de Blades, está esperando “Carmelo después”, pero no será complacido. Yo esperaba “Desahucio” y tampoco. El amplio repertorio de Blades tiene esa característica. Eso sí, no faltó “Amor y control” con su emotivo mensaje. Tampoco “Lo pasado no perdona” y “Pablo Pueblo”. Lo mismo “El Padre Antonio y el monaguillo Andrés”. Y Blades en la previa cuenta que cuando incluyó este tema en su producción “Buscando América” lo tildaron de comunista.

La fiesta de Rubén siguió, en especial, para el primer bloque del público. Pero un buen grupo optó por retirarse antes que termine su show. En la zona VIP muchas sillas no fueron ocupadas. ¿Habrán asistido 10 mil personas para un estadio habilitado con 25 mil boletas? Las cifras oficiales seguro se conocerán pronto. Por lo pronto, Blades deleitó a sus incondicionales. Aunque quedará para el debate si fue la auténtica estrella de la noche.

 

Escrito por Martín Gómez de www.salserisimoperu.com